La semana pasada no hubo newsletter.
Y no fue por falta de ganas.
Fue por algo mucho más común: y es que literalmente no tenía tiempo.
Ahora mismo estoy bastante metido en varios proyectos de clientes, con entregas, reuniones y bastante trabajo acumulado.
Y la realidad es que el domingo pasado, cuando normalmente envío esta newsletter, simplemente no llegué.
Además, ese mismo fin de semana estuve en la WordCamp Madrid, rodeado de desarrolladores, charlas, networking, cafés y conversaciones sobre WordPress, producto y tecnología.
Y por si fuera poco, los domingos estoy jugando un campeonato de ajedrez por equipos, así que tampoco tenía demasiado margen para sacar unas horas tranquilas para escribir.
Todo eso está muy bien.
Pero también me hizo pensar en algo que creo que muchos programadores olvidamos con facilidad:
No todo puede ser trabajar, aprender, programar y seguir programando.
Porque si no sabes parar… tarde o temprano el cuerpo te pasa factura.
El problema de querer correr demasiado
Cuando empiezas en programación, es muy fácil caer en una mentalidad peligrosa.
Quieres aprender todo lo antes posible.
Aprender un nuevo framework.
Hacer cursos.
Leer libros.
Practicar algoritmos.
Construir proyectos personales.
Trabajar en tickets.
Mirar código de otros.
Ver vídeos técnicos en YouTube.
Y si eres como muchos programadores que conozco (y como yo mismo he sido muchas veces), empiezas a sentir culpa cuando no estás programando.
Si descansas, sientes que otros están avanzando más rápido.
Si sales a dar un paseo, piensas que podrías estar aprendiendo Docker.
Si te tomas un día libre, imaginas a otro desarrollador aprendiendo y creando un vídeo de cómo está desarrollando un SaaS que le hará millonario.
Pero hay algo que casi nadie te cuenta cuando empiezas:
Esta carrera es una maratón, no un sprint.
Y el que intenta correr demasiado rápido al principio… normalmente no llega muy lejos.
Las redes sociales también pueden agotarte
Hoy en día hay otro factor que antes no existía tanto en nuestra profesión:
Las redes sociales.
Si estás en Twitter, LinkedIn o YouTube es muy fácil caer en una dinámica peligrosa.
Siempre parece que hay alguien que:
-
Publica un hilo técnico cada día
-
Lanza un vídeo nuevo cada semana
-
Comparte tips de programación constantemente
-
Crea cursos, artículos y proyectos sin parar
Y aunque muchas veces ese contenido es muy útil, también puede generar una sensación rara: la sensación de que nunca estás haciendo suficiente.
Además, si tú mismo creas contenido, el problema puede ser aún mayor.
Te lo digo por experiencia.
Durante mucho tiempo yo también he sido uno de esos programadores que no paran de crear contenido: vídeos, hilos, newsletter, ideas para nuevos proyectos…
Y hay momentos en los que sinceramente me entran ganas de quitarme todas las redes sociales.
Porque incluso cuando no estás trabajando para clientes, sigues conectado al mundo de la programación.
Sigues pensando en contenido.
Sigues leyendo sobre tecnología.
Sigues respondiendo comentarios.
Y al final nunca desconectas del todo.
El enemigo silencioso: el burnout
En el mundo del desarrollo hay una palabra que aparece cada vez más:
Burnout.
No es simplemente estar cansado, es algo más profundo.
Es esa sensación de abrir el editor de código y no tener ganas de escribir código, ver una nueva tarea en Jira y sentir rechazo inmediato, sentirte constantemente agotado, incluso después de dormir, perder la curiosidad por aprender cosas nuevas.
Y lo más peligroso es que el burnout no aparece de golpe.
Se construye poco a poco.
Meses trabajando sin parar.
Semanas sin desconectar del ordenador.
Fines de semana estudiando porque hay que ponerse al día.
Hasta que un día te das cuenta de algo inquietante:
La programación ya no te ilusiona.
Y eso es una tragedia en una profesión como la nuestra.
Porque si algo nos hace buenos desarrolladores es la curiosidad.
Cuando el burnout mata esa curiosidad, tu crecimiento profesional también se frena.
Incluso el ocio puede convertirse en otra obligación
Aquí viene algo curioso que me pasó la semana pasada.
Como te decía antes, los domingos estoy jugando un campeonato de ajedrez por equipos.
Y me gusta mucho el ajedrez, llevo jugando 27 años.
Pero cuando formas parte de un equipo ocurre algo interesante: no siempre puedes decir que no (y más si eres el presidente del club como yo).
Si faltas, estás dejando colgado al equipo.
Así que aunque en teoría sea ocio, también se convierte en un compromiso más en la agenda.
El domingo pasado, entre el campeonato, el trabajo acumulado y la semana que llevaba encima, simplemente no tenía energía mental para escribir la newsletter.
Y ahí me di cuenta de algo importante.
Para desconectar de verdad, muchas veces necesitas actividades que no impliquen compromisos fuertes.
Cosas que puedas hacer… o no hacer.
Sin presión.
Sin fechas.
Sin depender de otras personas.
El descanso también es parte de tu carrera
Hay algo curioso en programación y es que muchas veces las mejores soluciones no aparecen cuando estás programando.
Aparecen cuando te alejas del problema.
Mientras caminas, mientras haces deporte o mientras estás tomando un café.
Tu cerebro sigue procesando el problema en segundo plano.
Por eso muchos desarrolladores han tenido esa experiencia de:
Estar atascado durante dos horas.
Cerrar el portátil.
Y de repente, una hora después, entender exactamente cuál era la solución.
El descanso no es perder el tiempo, es parte del proceso mental que te hace mejor programador.
Si he compartido esto contigo hoy es porque quiero que recuerdes algo si estás en los comienzos de tu carrera:
No necesitas programar todo el tiempo para llegar lejos, necesitas constancia durante años.
Y para mantener esas constancia necesitas descansar, desconectar y tener vida fuera de la pantalla.
Porque la carrera de un programador no se mide en semanas, ni meses ni años, se mide en décadas.
Y pienso firmemente que es mucho más fácil llegar lejos cuando sabes cerrar el portátil.
Piénsalo y mientras tanto, nos vemos en la próxima entrega.
Julián.
Publicado originalmente en CERO a SENIOR.