Quiero empezar la entrega de hoy con una idea sencilla, casi aburrida, pero que tiene más impacto en tu carrera de lo que imaginas.
No avanzas como programador por talento ni avanzas por motivación.
En tu carrera profesional, avanzarás (o verás los grandes avances) gracias a la rutina.
Y lo curioso es que nadie suele hablar de ella cuando eres junior.
Se habla de lenguajes, de frameworks, de salarios, de stacks con salida profesional, de qué estudiar para ser senior… pero muy poco de cómo sostener ese aprendizaje en el tiempo sin quemarte ni abandonar por el camino.
Porque aprender a programar, y crecer profesionalmente, no es un sprint.
Es una travesía larga.
Y sin una rutina mínima, acabas a la deriva.
El problema no es la falta de ganas
La mayoría de programadores junior con los que hablo o veo por redes sociales como X o LinkedIn tienen algo en común:
Ganas no les faltan… lo que falta es energía.
Trabajan, llegan a casa cansados, intentan abrir un curso, leer un artículo o practicar algo nuevo… y a los diez minutos el cuerpo dice basta.
Y, tristemente, a menudo ahí aparece la culpa.
Nos repetimos la famosa frase de mañana me pongo y… mañana se convierte en la semana siguiente.
Es una situación donde muchos nos podemos ver reflejados (y yo me incluyo, sobre todo para sacar tiempo para publicar cursos sobre desarrollo).
Y tenemos que tener claro que no es un problema de disciplina.
Muchas veces es un problema de sistema.
Cuando tu formación depende de cuando tenga tiempo o cuando me apetezca, estás dejando tu carrera en manos de la motivación.
Y la motivación es caprichosa: un día está, otro no.
La rutina, en cambio, no pregunta cómo te sientes.
Simplemente ocurre.
Rutina no es sacrificio constante
Y antes de seguir tengo algo importante que aclarar.
Tener una rutina no significa estudiar cuatro horas al día ni vivir cansado o ir siempre al límite.
De hecho, eso es justo lo contrario de lo que te hará avanzar.
James Clear lo explica muy bien en Hábitos Atómicos: no ganan los que hacen esfuerzos heroicos de forma puntual, sino los que construyen sistemas pequeños que se repiten casi sin pensar.
El progreso real viene de la consistencia.
Cuando intentas hacerlo todo perfecto desde el principio, lo más probable es que abandones. Y no porque seas débil, sino porque has diseñado una rutina imposible de sostener.
La rutina que funciona es pequeña, realista y sostenible.
Se trata de algo que puedas mantener incluso en semanas malas, cuando el trabajo aprieta o la cabeza no acompaña.
Algo tan simple que casi te resulte ridículo no hacerlo.
Treinta minutos al día durante un año cambian una carrera.
Seis horas un sábado y desaparecer tres semanas no cambian nada.
Porque no es el gran esfuerzo el que te convierte en senior, sino el hábito que no rompes.
Una rutina realista
Imagina una semana normal como programador.
Trabajas tu jornada, pprendes lo que toca, sacas tickets, en definitiva, cumples.
Ese trabajo es necesario: paga las facturas y te da experiencia. Pero no es toda tu formación.
Al terminar el día, tienes un bloque claro y fijo: una hora para formarte.
No para improvisar, no para decidir qué apetece hoy.
Una hora para profundizar en un concepto, reforzar bases, entender mejor lo que haces en el trabajo.
Una sola dirección, sin dispersión.
Después, deporte.
Salir a caminar, gimnasio, correr, lo que más te guste.
No como un extra opcional, sino como parte del sistema, porque creeme, mover el cuerpo limpia la cabeza más de lo que parece.
Luego cena, desconexión y descanso.
No es una rutina épica, ni tampoco impresiona a nadie en redes, pero es sostenible.
El descanso también forma parte del plan
Como puedes ver, te he metido en la rutina de ejemplo dos puntos muy importantes: deporte y descanso.
Y es que hay una idea muy extendida en tecnología que hace mucho daño: que apretar más siempre es la solución.
Dormir mal, vivir cansado y tirar de fuerza de voluntad no es compromiso, es mala estrategia.
Sin descanso no hay aprendizaje, sin energía no hay constancia y sin constancia no hay progreso.
Tienes que interiorizar que el descanso no es un premio por haber trabajado duro, sino que se trata de una pieza más del sistema que te permite seguir avanzando mañana.
Pensar como senior antes de serlo
Un junior suele pensar en el trabajo y objetivos en términos de semanas, en si este mes ha avanzado o no, en si este curso merece la pena.
Un senior piensa en años.
No se obsesiona con aprovechar cada día al máximo, se obsesiona con no romper la cadena.
Con diseñar una rutina que funcione incluso cuando la motivación desaparece.
Porque desaparecerá y cuando eso pase, la rutina será lo único que te mantenga en el camino.
Si llevas tiempo leyendo la Newsletter sabrás que CERO a SENIOR no va de atajos. Va de construir una carrera que aguante. Y aunque no sea la parte más atractiva del proceso, la rutina es uno de sus pilares más importantes.
Nos leemos en la siguiente entrega.
Julián
Publicado originalmente en CERO a SENIOR.