Durante muchos años he pensado que nosotros, los programadores, teníamos una gran ventaja a la hora de aportar valor a un negocio y proyecto.
Éramos nosotros los que teníamos el poder de llevar una idea del plano conceptual al plano sensorial (últimamente estoy leyendo Platón, perdonar estas referencias filosóficas).
Y no solo teníamos una posición destacada para aportar valor a un equipo, sino que podíamos crear productos sin necesidad alguna de ayuda.
No necesitábamos convencer a un equipo, buscar un socio técnico o pagar a alguien para hacer un MVP.
Abríamos el editor y empezábamos a construir.
Y no solo eso, sino que cuanto mejor programaba, más rápido podía convertir una idea en algo real.
Pero últimamente estoy cambiando bastante mi forma de verlo.
Porque construir software se está volviendo cada vez más fácil.
Y no me refiero solamente a que tengamos mejores frameworks o más librerías, sino que la IA ha cambiado radicalmente la velocidad a la que podemos crear software.
Algo que hace unos años podía llevarme una semana, ahora puedo resolverlo en uno o dos días.
Partes de un proyecto que antes me parecían tediosas directamente se las delego a un agente.
Y sí, aunque nos duela, alguien con mucha menos experiencia técnica que nosotros también puede construir cosas que hace unos años habrían necesitado un equipo.
Y lo que a primera vista podría parecer una mala noticia para los programadores, creo que nos da una oportunidad para volver a estar en esa posición privilegiada para volver a aportar valor… solo tienes que cambiar, una vez más, tu paradigma y empezar a ver el problema desde un punto de vista más amplio.
Porque mientras construir se hace más fácil, hay otros problemas que no están desapareciendo.
¿Qué construyes?
¿Para quién?
¿Cómo consigues que esas personas descubran tu producto?
¿Cómo sabes si realmente les resuelve un problema?
¿Cómo consigues que paguen?
¿Y cómo conviertes todo eso en un negocio?
Cada vez estoy más convencido de que ahí está el cuello de botella.
Saber programar sigue siendo una ventaja
No creo que programar haya dejado de importar.
De hecho, sigo pensando que saber construir software es una ventaja enorme.
La diferencia es que ahora intento utilizar esa capacidad para resolver un problema diferente.
Si antes para mí la pregunta habitual era cómo podía construir esto de una mejor forma, ahora me encuentro pensando mucho más en si debería construir algo o no.
Es un cambio pequeño en apariencia, pero bastante grande en la práctica.
Porque puedes pasar tres meses haciendo una arquitectura preciosa para un producto que nadie necesita.
Y también puedes tener un código horrible y un negocio que factura millones.
Obviamente prefiero tener un buen producto y un buen código, pero si tengo que elegir dónde dedicar mi atención, cada vez tengo más claro que la tecnología es solamente una pieza.
De construir software para otros a construir productos propios
Esto también coincide con un cambio que estoy haciendo a nivel personal ya que durante buena parte de mi carrera he utilizado la programación para construir productos para otras personas y empresas.
Y quiero empezar a dedicar cada vez más tiempo a construir los míos.
De hecho, ahora mismo estoy a punto de lanzar uno, como ya bien sabéis los que seguís la Newsletter desde hace algún tiempo.
Se llama KPIAds y es un SaaS que conecta los datos de una tienda online con sus plataformas de publicidad (Meta Ads, Google Ads, TikTok Ads…) para tener en un único sitio las métricas necesarias para entender cómo está funcionando el negocio.
Y quiero lanzar la primera versión dentro de unas tres semanas (el 27 de octubre)
Y la parte curiosa es que programarlo no está siendo lo que más vueltas me está haciendo dar, sino que estoy pensando bastante más en cosas como:
¿Cómo consigo los primeros usuarios?
¿Qué métricas necesitan realmente ver?
¿Qué funcionalidades puedo quitar del MVP?
¿Cómo explico el producto en cinco segundos?
¿Cuánto estaría dispuesto alguien a pagar?
¿Cómo sé si lo que estoy construyendo tiene futuro?
Ese tipo de preguntas me están resultando mucho más interesantes que elegir una librería u otra.
Y probablemente también sean más importantes.
Este es el experimento
Durante las próximas semanas voy a intentar hacer algo que hasta ahora no he hecho demasiado en esta newsletter:
Enseñar el proceso.
No solo el resultado cuando todo sale bien, sino que quiero compartir qué estoy haciendo para lanzar KPIAds, cómo intento conseguir usuarios y, sobre todo, qué dicen los números después.
Si lanzo y nadie compra, te lo contaré.
Si una estrategia de adquisición que pensaba que iba a funcionar genera cero registros, también.
Si algo funciona inesperadamente bien, intentaré entender por qué.
Mi intención no es convertir esto en un diario sobre mi SaaS, es utilizar mis propios productos como laboratorio para hablar de algo que cada vez me interesa más:
Cómo pasar de construir software a construir un negocio.
Producto.
Distribución.
Adquisición.
Métricas.
Tecnología.
IA.
Y todas las decisiones que hay entre medias.
Durante mucho tiempo esta newsletter se ha centrado en cómo crecer como programador y creo que va a ir cambiando poco a poco.
Ojo, que no voy a dejar de hablar de tecnología.
Sigue siendo una parte enorme de lo que hago… pero creo que la pregunta que quiero explorar ahora es un poco distinta.
Ya no solamente:
¿Cómo podemos construir mejores productos?
También:
¿Cómo conseguimos construir productos que alguien realmente quiera?
En unas tres semanas tendremos el primer examen, ya que KPIAds estará fuera.
Y entonces dejaremos de hablar de hipótesis, tendremos datos.
Nos leemos en la próxima,
Julián
